Como decía aparecieron en mi vida como a los diez años, y lo hicieron sin previo aviso, bah, tal vez venían avisando y yo no me enteraba, pero la que si se daba cuenta era mi mamá, que un día, sin que fuera mi cumpleaños, navidad, ni nada cayó con un regalo para mi. Me lo entregó y me dijo: “A partir de ahora, vas a tener que usar esto”, y envuelto en una preciosa cajita rosa estaba…mi primer corpiño. Sí, sí, sí, porque… ¿quiénes son Marta y Susana? Ni más ni menos que ellas, mis chicas, mis lolas o como quieran llamarlas…
A partir de ese momento mi vida cambió sin ninguna duda, como dije al principio estaba feliz, era de las primeras que usaba corpiño, y en el recreo iba al baño con mis compañeras para mostrarles el bretel, mostrar más hubiese sido terriblemente descarado en esa época (recuerden que soy del siglo pasado). Pero las pequeñas, no se conformaron en quedar pequeñas y en séptimo grado ya tenía 90, mientras que a muchas de mis compañeras ni les asomaban, a eso hay que sumarle la revolución hormonal reinante y lo crueles que pueden ser los chicos con los diferentes. En esa época (años 86 u 87) en la tele no tuvieron mejor idea que pasar la serie Shaka Zulú, y lo que mis compañeritos rescataron de ese programa no fue la lucha étnica ni el trasfondo cultural, sino que las negras de la serie andaban con el torso desnudo y cuando bailaban, bamboleaban las tetas como locas. Conclusión tuve un nuevo apodo, SHAKA, en honor a las africanas, según mis compañeros era la única que estaba en condiciones de realizar ese baile. ¡CÓMO LOS ODIE POR EL RESTO DEL AÑO A ESOS PENDEJOS!
En la adolescencia y alejada de mis torturadores de la primaria, no me fue mucho mejor. Los primeros bailecitos, y salidas, todas juntas y en patota a comprar ropa, yo siempre volvía con algo digno de mi vieja. ¿Sabían que la ropa linda la hacían para adolescentes chatas? Nunca me animé a ponerme un strapples o mucho escote porque siempre sentí que me veía como Lía Crucet, entonces trataba de ocultarlas usando ropa holgada y cuellos muy altos incluso en verano, muchos años después y gracias a Utilísima me enteré que eso no hacía más que acentuarlas. Incluso valiéndome de los contactos de uno de mis primos (tengo por lo menos 15 enfermeros en la familia) fui a ver a un cirujano para hacerme una reducción, pero me agarró mucho miedo cuando me explicó el post operatorio.
Entonces, no me quedó otra que aceptarlas, y empezar a convivir en armonía con ellas. Además empecé a disfrutar algunos beneficios que ellas me ofrecían. Por ejemplo, y me avergüenzo de esto, para aprobar una materia de la facultad que me resultaba un bodrio. Todos nos habíamos dado cuenta que el profesor era un baboso, y que se pasaba la clase mirando los atributos de las chicas, entonces cuando fui a rendir el final, pelé “manso escote” (como dicen mis sobrinos) y obviamente aprobé, pero fue súper incomodo hablar de economía sabiendo que el tipo estaba mas pendiente de mis lolas que de mis respuestas.
En fin aprendí a aceptarlas tan bien, que terminé bautizándolas Marta y Susana en honor a una vieja re-pechugona del barrio.
Bueno y con ustedes....LAS CHICAS.....

NAAAAAAAHHHHH...¿DE VERDAD PENSARON QUE IBA A SUBIR UNA IMAGEN DE MIS LOLAS? JAJAJA
P/D: No son tan gigantescas